jueves, 31 de mayo de 2007

El PCC (Poder Criminal II)

En una entrada anterior comentábamos el desafío que el grupo criminal brasileño Primeiro Comando da Capital (PCC) había planteado a las autoridades de Sao Paulo con sendas revueltas a lo largo del 2006, movilizando miles de seguidores para atacar comisarias y unidades de policía, sedes judiciales y prisiones, quemando autobuses para bloquear las calles y aniquilando mafias rivales, además de cientos de policías, con acciones de guerrilla urbana bien coordinadas que sorprendieron a las autoridades por la potencia de fuego que disponían, desbordando a la policía. El PCC ha ido extendiendo su poder desde la ciudad paulista a otras zonas de Brasil, y ahora, para afianzarse en el narcotráfico y abastecerse de material bélico, a las zonas fronterizas con Uruguay, Paraguay y Argentina.



En este artículo del diario uruguayo La República podemos leer acerca de una operación de combate en la que Brasil moviliza sus fuerzas armadas para cortar las lineas de suministro al PCC en estas zonas fronterizas, a principios de agosto del año pasado (2006). Además de esta operación, el diario uruguayo nos da algún dato más sobre este poder criminal emergente, como sus pretensiones de adquirir un estatuto legal como ONG o de presentar candidatos electos:

Como se recordará y tal cual lo ha informado
LA REPUBLICA, desde el vecino país se insiste en que desde Uruguay se deriva gran parte del armamento de grueso calibre que utiliza el crimen organizado en la Ciudad de San Pablo, donde los atentados con quema de ómnibus, sedes policiales y asesinatos callejeros pusieron en jaque a las autoridades norteñas.

Con la intención de formalizar una Organización No Gubernamental (ONG) y con constantes cambios en su hoja de ruta de tráfico de drogas y armas, el Primer Comando de la Capital crece y prospera a pesar de la fuerte resistencia que pone la Policía Federal del Estado de San Pablo. Sumamente organizado, con una capacidad de fuego que sorprendió hasta a los más escépticos que juraban que no podían aguantar más de una semana de "guerra" contra los uniformados, el PCC sigue sembrando el terror en decenas de barrios de la capital paulista.

La organización cuenta con abogados, escribanos, contadores, doctores y profesores que preparan un estatuto que piensan presentar ante las autoridades de Brasil para legalizar sus actividades como ONG. "Estamos en condiciones de formalizar nuestro grupo. Ayudamos a los pobres, les brindamos estudios a los más necesitados. Eso es algo que el gobierno no hace. Nosotros estamos cubriendo las fallas que el actual presidente no pude cubrir", dijo Anco Marcio Pereira Maia, de 28 años, uno de los líderes del Primer Comando de la Capita
l.

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